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Portal Informativo Venezolano

Las infinitas posibilidades de esta generación vinotinto 08/06/2017.por Ignacio Benedetti

Publicado en 9 Junio 2017 por La Hemeroteca De Luis Rondon.over-blog.com

 

 

(AFP)

IGNACIO BENEDETTI

 

@ibenedettip

ADALBERTO PEÑARANDA | COPA MUNDIAL SUB-20 | RAFAEL DUDAMEL | VENEZUELA | VINOTINTO | WUILKER FARIÑEZ | YANGEL HERRERA |

Puede que no exista tarea más complicada que escribir sobre el futuro. Al fin y al cabo, se trata de un tiempo por venir en el que todos nuestros anhelos parecen reales, o, por lo menos, posibles. Pero el futuro, nos guste o no, es cualquier cosa menos el presente, y por ello, es de todo menos lo que efectivamente será.

La exitosa y ya histórica actuación de la selección venezolana Sub-20 en el Mundial de Corea genera, entre muchas otras reacciones, un optimismo tan fuerte como cualquier tormenta, o los ejemplos de otros procesos, ajenos, claro está, pero que también reparten píldoras de sabiduría que bien valdría la pena no rechazar.

El periodista Daniel Chapela, conocedor en primera persona de las virtudes y las miserias del balompié criollo, escribió, en su cuenta de twitter, una reflexión que debe repetirse, entenderse, aprenderse y aprehenderse:

Lo que el experimentado analista pide, y la razón le asiste, es que la alegría no nos nuble el raciocinio. Para ello, y creyendo firmemente que el futuro es cualquier cosa menos lo que creemos que puede ser, intentaré, por medio de estas líneas, aportar un poco de paz a los protagonistas de esta enorme gesta, los futbolistas, quienes al final del día, son los que juegan, pero también cargan con el peso de nuestras expectativas.

Formación

 

Es común escuchar, durante estos torneos juveniles, que estas categorías son de carácter formativo. La afirmación no es falsa, pero al mismo tiempo no explica realmente nada. Es, como dirían los sabios, un lugar común, una muletilla, una mentirita que hace sentir bien a quien la emplea. El ser humano no deja de aprender. Desde el día que nace hasta el momento de su muerte, el hombre tiene como única certeza el cambio. Y en él están las grandes lecciones. No en la derrota o la victoria, sino en el camino que recorre, de inicio a fin.

Ahí está el ejemplo de Juan Arango. Cuando apareció en el fútbol profesional, el zurdo era un futbolista con grandes cualidades -no olvidemos que el talento no se puede enseñar ni traspasar- y un panorama que invitaba a pensar en lo mejor. Pero nadie, salvo su entorno más cercano, imaginó que, con el paso de los años, el jugador maracayero desarrollaría una pegada con su pierna zurda que lo llevaría a ser considerado uno de los mejores ejecutores de tiros libres en el mundo. Las virtudes eran suyas, pero el trabajo, así como la ausencia de grandes lesiones y otros factores más, permitieron que el hoy jugador del Zulia construyera, a base de aprendizaje, una carrera sin precedentes en Venezuela.

Lionel Messi es otro caso que debe considerarse. El argentino nunca había destacado por el cobro de lanzamientos libres, hasta que, en un entrenamiento con su selección, en el Mundial de Sudáfrica 2010, y a instancias de Fernando Signorini, preparador físico de aquel equipo, se atrevió a corregir lo que en principio apuntaba a ser un simple fallo más en un entrenamiento cualquiera. Para aprender y alimentar el proceso formativo hace falta actuar y corregir, pero también es importante poseer la humildad suficiente de reconocerse humano, es decir, un producto inacabado.

Los procesos educativos no tienen una fecha de finalización. Es cuando menos llamativo que en ramas tales como la medicina, la mecánica o la tecnología se tenga asumido al cambio, y se imponga la obligatoriedad de estar en permanente estudio. No debe existir un cardiólogo competente que se conforme con lo estudiado en la universidad. Pues bien, en el fútbol sucede lo mismo.

El futbolista no deja de aprender. No olvidemos que hasta en los momentos en los que pareciera “jugar de memoria”, sus reacciones están condicionadas por sus experiencias anteriores, sus relaciones con sus compañeros, la intervención de los rivales, y la maravillosa singularidad del instante. Se aprende entrenando y se aprende jugando. Esa es la realidad del futbolista, la misma que cualquier otro ser humano.

En el año 2013, Ginés Meléndez, coordinador de las categorías inferiores de la selección española, expresaba, en una ponencia, una de las razones por las que el equipo ibérico había conseguido éxitos sin parangón:

“Un jugador, cuando progresa, es cuando tiene oposición en frente, real. Cuando un jugador joven, cuando gana 7-0, 10-0 o 15-0, y está en su proceso de formación, es muy difícil que progrese. Cuando progresan los jóvenes es cuando tienen oposición en frente, sobre todo, desde los 16 a los 19 años, y eso solamente se da en competiciones internacionales”.

La competencia

 

En su comparecencia, ante un público cualificado, Meléndez trata de explicar el valor de la competencia en el progreso de los futbolistas. España había logrado algo nunca antes visto: ganar, de manera consecutiva Eurocopa, Mundial y, nuevamente, Eurocopa. Claro que para ello contó con una generación maravillosa de futbolistas, pero lejos de dejarse llevar por el talento natural de esos protagonistas, se trabajó para garantizar que compitieran. La gente del fútbol habla de competir, contrario a las bobadas que la prensa ha instalado de que sólo vale ganar.

Para competir es necesario que el futbolista adquiera ese grado de conocimiento necesario que le faculte a actuar en situaciones límites, y ello solamente se desarrolla si se enfrentan retos reales. Esa acumulación de partidos, sumado al talento necesario, convierten a un equipo en un grupo competitivo.

 Meléndez explica que aquellos futbolistas que ganaron la Eurocopa 2008 para España, tenían un enorme recorrido en categorías inferiores de su selección:

Rafael Dudamel y su staff técnico diseñaron una hoja de ruta y acción admirable. Como nunca antes, un equipo venezolano ha conseguido, en el contexto más competitivo del fútbol internacional, jugar partidos amistosos y oficiales suficientes para dotar a estos jugadores de un saber hacer en las más difíciles circunstancias. No es casual que, en etapas decisivas, este equipo haya jugado tres prórrogas con tal naturalidad que el pase a la final del mundial parecía algo lógico. Mientras los “analistas” buscan razones o excusas en las piernas, el origen del éxito se aloja en el cerebro, que es la sala de máquinas de cualquier ser humano.

Pero vayamos a lo que realmente vinimos: ¿es posible que estos chicos trasladen su extraordinaria realidad a la selección mayor?

Antecedentes

 

Martí Perarnau insiste, sin importar quien lo escuche, en que “el futuro del fútbol está en su propio pasado”. La referencia del escritor y analista español va dirigida al juego como tal, pero en este caso, su sentencia nos debe llevar a estudiar nuestros propios errores con tal de no repetirlos.

En el año 2009, Venezuela obtuvo su primera clasificación a un Mundial masculino de fútbol. Rápidamente se instaló en la opinión pública, tras el campeonato sudamericano, y con el apoyo de algunos medios, la noción de que a aquellos chicos había que sumarlos inmediatamente a la selección de mayores, sin mayor argumento que su relevante presente. No hay nada que distraiga al gran público como los actos de magia, y, aquello de extrapolar realidades no es más que una ilusión.

Perdone que insista en la influencia del periodismo, pero desde hace muchos años este se ha desvirtuado hasta convertirse en publicista de voluntades e intereses antes que en defensor de la reflexión y los valores.

No quiero afirmar que César Farías, seleccionador nacional en aquellos momentos, sucumbió ante el pedido de la hinchada. Sería, cuando menos, una falta de respeto para el estratega oriental. Pero tras el campeonato regional, celebrado en Venezuela, Farías convocó a la selección mayor, para los duelos ante Argentina y Colombia a Rafael Romo, José Manuel Velázquez, Carlos Salazar, Francisco Flores, Angelo Peña y Rafael Acosta. El futuro, como casi siempre, se presentaba brillante, y en cualquier rincón del país se aseguraba que, con el aporte de los mundialistas sub 20, la selección nacional mayor por fin llegaría a un mundial.

Lo que no se tuvo en cuenta -y es que a nosotros los seres humanos no hay nada que nos genere más ansiedad que reconocer que vivimos en la incertidumbre- es que todo tiempo por venir no es más que una fantasía. De aquel inolvidable grupo de futbolistas, sólo Salomón Rondón ha tenido regularidad en el conjunto nacional. Velázquez, Acosta, Romo, Flores, Yonathan del Valle y Yohandry Orozco, si bien han logrado hacer carreras admirables, no logran, hasta los momentos, constituirse en fijos del equipo nacional.

Perdone que no señale culpables para esta situación. Entiendo que el público, al igual que en tiempos del Imperio Romano, pide sangre, pero no seré yo quien complazca esos instintos. La existencia humana es un proceso complejo, y como tal, entiendo y creo que no hay respuestas sino preguntas.

Existen dos casos más que no podemos dejar de lado, a pesar de que se hayan desarrollado en otras realidades.

En el año 2001, Argentina, comandada por José Pekerman, conquistó el campeonato mundial sub-20. Aquel equipo tuvo como figuras excluyentes a Javier Saviola, Maximiliano Rodríguez, Andrés D’Alessandro, Leandro Romagnoli y Diego Colotto. Ninguno de ellos, más allá de sus logros individuales, se estableció como futbolista indiscutible en la selección mayor argentina.

La otra cara de la moneda la representa Chile. Del equipo que se quedó con el tercer puesto en el mundial sub-20 de 2007, hoy son figuras de la selección mayor Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Mauricio Isla, Gary Medel y Carlos Carmona. Casi se podría decir que la columna vertebral del equipo austral que ha obtenido dos campeonatos de Copa América de forma consecutiva.

Si no existe el futuro, ¿entonces qué?

 

Volvamos al punto de partida: la reflexión de Chapela. Agreguemos la insoportable verdad que nos dejó Heráclito hacemás de dos mil años (todo está en movimiento, todo cambia de una forma constante, lo que es en este momento nunca más lo volverá a ser y lo que fue en su momento, nunca más lo será). Este mix que le propongo no hace sino reafirmar que es imposible determinar, de manera inmediata, si estos chicos están para asumir responsabilidades en la selección de mayores.

En el grupo que luchará por ganar el campeonato mundial están Wuilker Faríñez, Yeferson Soteldo y Adalberto Peñaranda, quienes desde el final de la etapa de Noel Sanvicente conviven en la selección mayor. A ellos se suma Yangel Herrera, capitán de este equipo, y que también se ha incorporado a esa disciplina sin que ello suponga un quiebre en su rendimiento.

Pero el fantástico ejemplo de estos jugadores no debe suponer un efecto vinculante con el resto de sus compañeros. Los habrá quienes no encuentren el progreso deseado y los que sí lo consigan. Por ello, más que entrar en el terreno de la fantasía y las teorías, vale la pena detenerse, no correr antes que caminar, y digerir lo que este grupo de futbolistas y sus entrenadores han conseguido. Celebrarlo, disfrutarlo, y al mismo tiempo, estudiarlo.

No hay que dejarse llevar por los discursos que únicamente buscan la notoriedad de quienes los pronuncian. El futuro de estos chicos dependerá de sus capacidades, de su dedicación, y como no, de la influencia de la incertidumbre en el camino de cada uno de ellos. No hay que cargarlos con nuestras frustraciones o expectativas, y dejarlos ser. Porque, al fin y al cabo, eso es lo único que pueden hacer: intentar ser, en un mundo que, equivocadamente les exige convertirse en protagonistas de una causa liberadora de fracasos que no son suyos, pero que nosotros, hinchas, prensa y analistas, les transferimos, a ellos y a todas las generaciones anteriores.

Dejémosles ser, y permitámosles llegar hasta donde su espíritu les reclame.

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