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Portal Informativo Venezolano

La plaza Bolívar de Maracaibo; por Milagros Socorro  | 11 de junio, 2017

Publicado en 12 Junio 2017 por La Hemeroteca De Luis Rondon.over-blog.com

 

 

En 1981 se hicieron trabajos de restauración en el Palacio de Gobierno de Maracaibo, conocido como Palacio de las Águilas o de los Cóndores, que había sido inaugurado en 1868; y se descubrió que las aves que adornaban la fachada, —águilas, cóndores, allí les da igual—, resultaron no ser de bronce como siempre se había creído con gran orgullo, sino de yeso.

Como suele ocurrir con la vanidad, quedó en evidencia que era infundada. Pero la creencia no era fruto de la mera infatuación. Había un motivo para pensar que los grandes pájaros eran de un metal de cierta nobleza: es lo que había afirmado el gobernante local gomecista, Vicencio Pérez Soto, en 1927, cuando remodeló el edificio y puso los cóndores en los extremos del barandal del tejado. La propaganda de la época difundió la especie según la cual los adornos alados eran de bronce. No sabemos si, además, fueron pagados a precio de tal, pese a ser de humilde yeso.

Ese es el edificio que tiene de fondo la estatua ecuestre del Libertador, en la plaza Bolívar de Maracaibo. Es como si la representación del héroe se hubiera emplazado así, de espaldas a la sede del Ejecutivo regional, hoy encabezado por el militar, Francisco Arias Cárdenas, como para no ver lo que allí ocurre.

Aquí lo vemos en una imagen del fotógrafo y cineasta Alciro Ferrebús Rincón, nacido en la capital zuliana el 22 de noviembre de 1899. Muy probablemente, la foto fue tomada a finales de los años 20, a propósito de la aludida remodelación.

Un personaje a tener en cuenta: Alciro Ferrebús Rincón

Tal como consigna el Diccionario General del Zulia, de Luis Guillermo Hernández y Jesús Ángel Parra, editado por el BOD, en noviembre de 1928, Alciro Ferrebús Rincóntenía en funcionamiento el “sistema cinematográfico publicitario”, con el que producía el Semanario Cinematográfico de Maracaibo, noticiario documental de la localidad.

—En 1929 –establece el Diccionario— se asoció con el poeta Manuel Felipe Rugeles, redactor de Excelsior, para formar la Empresa Ferrebús Rincón y Cía, cuya objetivo era filmar películas que tendrían el apoyo del general Gómez. Así, intentaron filmar dos películas: Venezuela, con escenas naturales del Zulia y los principales estados del país, y Propaganda científica, donde se promocionarían ciertos ramos de la actividad nacional.

No se sabe si esas películas fueron filmadas (podrían haber quedado atascadas en la censura gomecista, para la cual los contenidos nunca eran lo suficientemente halagadoras con el Benemérito); de lo que sí hay constancia es de que el 20 de septiembre de 1929 se estrenaron: Maracaibo bajo la administración gomecista y rehabilitadora (ya el título, que parece inspirado por Kim Il Sun, nos dice del tono)

y Por nuestra cordillera, que podrían ser de Ferrebús Rincón y Cía.

Ferrebús Rincón fue administrador del periódico Maracaibo, en abril de 1921; inspector de espectáculos públicos (en 1926); fotógrafo del Ejecutivo del Zulia (1936) e inspector de los molinos de viento instalados en la Guajira por el Ejecutivo Federal (1939). Y fue editor de la Guía de Turismo, que incluía los estados Zulia, Trujillo, Mérida y Táchira, publicada en Caracas sin fecha.

La fotografía que acompaña esta nota es suya. Fue un tomada en unos de esos ardientes mediodías de Maracaibo. El autor no habrá querido sombras ni presencia humana. Nada que nos distrajera de la figura triunfante de Bolívar con la cabeza levemente girada como buscando de dónde sopla esa brisa bendita que trae el rumor de un lago no lejano.

Los muchos nombres de un solar

Esa explanada no se construyó para Bolívar. En realidad, fue la plaza Mayor de Maracaibo desde su fundación, como exigían las leyes de Indias, como centro de todas las poblaciones creadas bajo su influjo, a cuyo alrededor se asentarían los edificios públicos del gobierno y del clero.

En algún momento se llamó de San Sebastián, patrono de Maracaibo. Y después de la independencia volvió a cambiar de nombre, cuando se puso en ese sitio una pirámide con los nombres de los participantes en la intentona revolucionaria de la Escuela de Cristo, con lo que adquirió la denominación de plaza de la Pirámide. Hasta que en 1867, el gobernador de entonces, Jorge Sutherland, mandó a demoler la pirámide. Como es tan común en el Zulia, no se le ocurrió mudarla o conservarla de alguna manera, simplemente ordenó que la destruyeran. Y en su lugar erigió una columna para una estatua del Libertador. Dicen los cronistas que la columna fue retirada porque quedó choreta.

Nos cuenta el imprescindible Diccionario General del Zulia que, en 1873, Venancio Pulgar encargó al artista Carmelo Fernández un parque de forma octogonal, con una glorieta al centro, un cercado ornamental y alumbrado (de 92 faroles en el interior y 14 en el exterior), además de cuatro estatuas de bronce para simbolizar la agricultura, el comercio, la industria y la navegación o marina. Sería la plaza de la Concordia, a semejanza de la parisina, y se inauguró el 6 de diciembre de ese mismo año, 1873. Sería el penúltimo nombre del lugar… hasta ahora… nunca se sabe.

En 1902, el escultor maturinés Eloy Palacios presentó a la Sociedad Gloria al Semi-Dios de América (así se llamaba, en efecto), una propuesta para esculpir una estatua ecuestre del Libertador, a ser financiada con donaciones del pueblo y grupos privados de la ciudad. La idea prosperó y el monumento se inauguró el 1 de enero de 1905, cuando la superficie adquirió el nombre de plaza Bolívar.

¿Estuvo Bolívar en lo que hoy es su plaza?

De seguro, el propio Simón Bolívar se paseó por el coso que hoy honra su gloria, puesto que estuvo en el Zulia en dos ocasiones.

La primera, nos recuerda el Diccionario General del Zulia: “En 1821, cuando  venía de triunfar en Carabobo y se dirigía a Cúcuta para prestar juramento de su cargo como presidente de la Gran Colombia ante el Congreso allí reunido. Llegó a Maracaibo casi en forma sorpresiva, en la madrugada del 30 de agosto de 1821, por la vía de Trujillo, pasó por Betijoque y entró al Lago por el Puerto de Moporo y se trasladó a esta ciudad en el bote de la goleta corsario Paquete”.

Se quedó en Maracaibo veinte días, —hasta el 18 de septiembre, cuando continuó su viaje a Cúcuta, vía San Carlos del Zulia—, en los que fue objeto de homenajes y atenciones sociales casi diarios. Como era su costumbre, hizo despachos de órdenes y envió numerosas cartas, afanosa diligencia que podemos consultar en el diario de trabajo del Libertador en Maracaibo, elaborado por Tulio Febres Cordero.

Pasarían cinco años para que Bolívar regresara a Maracaibo. Esta vez por tres días, del 16 al 19 de diciembre de 1826.“Entró”, precisa el Diccionario, “al Lago por la vía de San Carlos del Zulia y lo recorrió en el viaje inaugural del Esteamboat, primer barco de vapor de carga y pasajeros entre Maracaibo y los Puertos del Sur del Lago. […] A pesar de la breve estadía, hubo una cena en su honor, donde el poeta José Antonio Almarza improvisó un soneto, quizás el primer poema dedicado al Libertador. Así mismo, se organizó un baile para homenajearlo y Bolívar bailó la contradanza La Libertadora, del compositor zuliano Silverio Áñez, con Casimira Flores de Santana, esposa del general Juan N. Santana, comandante de la guarnición de la provincia de Maracaibo”.

El 19 de diciembre de 1926, salió de Maracaibo para no volver. En esta ocasión, como en la anterior, pasó por San Carlos del Zulia, donde pasó la noche en una casa que hacía esquina con la Plaza Mayor del pueblo. La vivienda fue demolida en 1995. Así. Sin más. Quedaron, quién sabe por qué, una puerta y dos ventanas, que hoy se conservan en el Ateneo Jesús María Semprún.

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