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Portal Informativo Venezolano

Miguel Pizarro: “Los muros van a caer”; por Hugo Prieto.Mayo 14 2017.1ra parte

Publicado en 14 Mayo 2017 por La Hemeroteca De Luis Rondon.over-blog.com

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A los18 años, Miguel Pizarro, diputado a la Asamblea Nacional por Primero Justicia, acudió a la oficina de un “connotado” dirigente de la oposición venezolana para conocer los resultados de una encuesta, en la cual se evaluaba la intención de voto alrededor de la reforma constitucional, propuesta por el ex presidente Hugo Chávez (2007). La conclusión es que el gobierno iba a ganar por 12 puntos y que la mejor estrategia era la abstención para “deslegitimar” la consulta.

Los jóvenes que hoy dirigen la protesta que mantiene en jaque al gobierno de Nicolás Maduro, se reunieron en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela y decidieron (80 a 20) que iban a enfrentar la reforma en las urnas, como un paso que luego complementaría la estrategia pacífica y electoral para alcanzar una salida política a la peor crisis que ha enfrentado Venezuela desde su fundación en 1830.

Esta larga entrevista, en realidad, es la elipsis de una década de lucha política que ha llevado a la generación de Pizarro a un momento estelar en la política venezolana. La calle es una vía que debe ser complementada por otras para alcanzar el objetivo que se han trazado desde que irrumpieron en la vida nacional. “Lograr una consulta electoral que le dé un cierre a lo que estamos viviendo”.

Hay una generación joven en la política venezolana, que viene de todo este proceso y ahora son caras visibles de la Asamblea Nacional. La suya es una de ellas. Ese hecho no ha pasado inadvertido para el gobierno. Me refiero en concreto a lo expuesto por el señor Diosdado Cabello, quien dijo que ustedes habían desplazado a los “dinosaurios”, pero uno podría pensar que a ustedes los están marcando, como a los ahorristas en los bancos para luego atracarlos en la calle.

Yo creo que tiene que ver más con lo segundo que con lo primero, sin duda alguna. Desde hace 10 años hemos venido ocupando espacios en la política. En 2007 decidimos seguir un camino electoral, de protesta y de ocupación de espacios. Veníamos de un país que había atravesado la abstención parlamentaria de 2005, el error político más grande que ha cometido la oposición. En 2006, la miopía opositora cantó fraude para no reconocer la derrota frente a Chávez. Al año siguiente, el cierre de RCTV y la propuesta de reforma constitucional. Ahí nos tocó jugar un papel. Era un país donde los referentes habían regalado la política. La acción de calle y el activismo había perdido vigencia. La primera vez que vi una encuesta, yo tenía 18 años, fue en la oficina de un político connotado de aquella época y decía que perdíamos la reforma por 12 puntos, la recomendación era no participar en esa reforma, para deslegitimarla.

Eso hubiese significado seguir por el barranco de 2005. La política no se puede hacer solamente con las encuestas en la mano. Ni siguiendo las pautas equivocadas que marca la mayoría.

Era abstenerse y desde ahí buscar la confrontación que provocara un cambio político profundo. Nosotros organizamos una asamblea en el aula magna de la UCV y quienes decíamos que había que ir a votar ganamos 80 a 20. Hago memoria, porque yo creo que 10 años después, aunque hay elementos y diferencias muy profundas, nuestro país está en un contexto similar. Era un país desesperanzado después del robo del revocatorio, donde la política había perdido mucho, luego del diálogo fracasado. La duda y la oscuridad. Esas eran las referencias. Llega la sentencia del TSJ que a mi modo de ver marca un punto de inflexión donde el gobierno devela claramente cuál es su visión del poder.

La dirigencia opositora se parecía a esa izquierda radical que siempre se refugió en la abstención, pero la abstención nunca ha tenido una expresión política en Venezuela. También en el diálogo se cometieron graves errores. De modo que hay una continuidad. La ruptura se produce a raíz de las sentencias del TSJ. Lo que vimos en diciembre fue desesperanza, frustración. Pero la gente retomó la calle, la protesta. Una reacción contundente, sorpresiva.

Era un país anclado en el suspiro. Pero yo creo que hubo una conexión emocional con lo que la gente aspiraba de la política. Y especialmente con la respuesta que esperaba frente a los abusos del gobierno. Eso configuró varios caminos. Yo no soy de los que cree que la dirigencia opositora está compuesta por unos superhéroes y que nuestro accionar ha hecho que la gente salga a la calle a exigir cambios. Hay una conjunción de gente que protesta por distintas razones: los que quieren que sus familiares regresen al país; los opositores que nunca han apoyado al chavismo; los que desde el hastío y la frustración rechazan el fracaso de este proyecto político; los que están desesperados por el hambre y la angustia que produce la crisis económica.

Digamos que eso ya formaba parte del paquete. ¿Qué es lo que está marcando la diferencia?

Creo que ese escenario, en un principio, fue subestimado por la dirigencia de la oposición. Pero estuvo presente allí, desde hace mucho tiempo. Sí, requería interpretación, requería organización. Y sobre todo conducción política, que tuviera objetivos y un canal para seguir sumando expresiones y movimientos. Pero hay una novedad. Este es un movimiento de conciencias, que ha obligado a romper silencios y a tomar posturas. Frente a lo que ocurre, los caminos se han bifurcado. Ahí está el camino del gobierno que nos lleva a la destrucción del voto universal, directo y secreto, a la destrucción de las libertades individuales y a la destrucción de un modelo que hundió al 80% de los venezolanos en la pobreza. Y hay otro camino, que si bien es incierto en su desenlace, porque no controlamos la variable de tiempo y la intensificación de la confrontación, es un camino que nos lleva al cambio político y social.

¿Realmente ustedes reemplazaron a la vieja guardia? ¿Por qué no se refiere a “lo segundo más que a lo primero”, en el planteamiento que hizo el señor Diosdado Cabello?

Lejos de un desplazamiento de los liderazgos, hoy ocurre algo en nuestro país que tiene que ver con la política, pero sobre todo con la sociedad. Hoy todo el mundo es útil haciendo algo. Así como hay decisiones que tomar en la alta política, relacionadas con la comunidad internacional, la OEA y UNASUR, por ejemplo, hay un segundo espacio que nos ha correspondido a los jóvenes, por condiciones físicas y hasta espirituales, que es la conducción en la calle, para darle un contenido que nos dé legitimidad en todo el espectro opositor, desde el más moderado hasta el más radical. ¿Por qué Diosdado hace lo que hace? Por dos razones. La primera para marcarnos como un enemigo; para marcar, entre las fuerzas del gobierno, a quién debe perseguirse, a quién debe intimidarse. Por eso publican nuestras direcciones, nuestros teléfonos y por eso nos dejan recados con nuestras mamás, porque una madre es el talón de Aquiles para un joven. Pero además lo hace por un segundo motivo, porque cree que el supuesto desplazamiento de la dirigencia por los más jóvenes podría generar un conflicto generacional, apela a la inmadurez política que tenía la oposición. Pero este no es el mismo país ni la oposición es la misma de unos años atrás.

La gente marcha por distintas razones, pero todavía no comparte una visión de país. ¿Por qué no hay una propuesta que aglutine? No sé si los jóvenes, que no tienen la experiencia y su formación es una interrogante, la van hacer. ¿Usted qué piensa?

El gran reto de este movimiento no es estar en contra de, sino convertirse en una alternativa. Creo que tenemos una deuda programática, que nos permita explicar cuatro pilares del cambio político. Uno, la economía. ¿Qué hacemos nosotros con la economía? El Estado controlador ha fracasado —desde la extinta RDA hasta las comunas de Mao, pasando por visiones más liberales como lo que intentaron hacer en la Europa del este una vez que cayó la cortina de hierro—. El Estado en Venezuela tiene que ser redefinido. Su papel debe ser marcar reglas, impulsar, articular. Dos. Las políticas sociales. La visión tiene que ser integral. Lo que arranque como un programa de hambre cero pase luego a un esfuerzo de formación para el trabajo que luego garantice un empleo sostenible, protección para los niños y ancianos y producción para los jóvenes. Tres. ¿Qué hacemos con la institucionalidad del país? Instituciones sí, pero no para que le sirvan a un partido político, sino a los ciudadanos. Cuatro. La educación. Mi generación aprendió de fechas, pero no de procesos, incluido la democracia. Una educación que pase de la formación tecnocrática a empoderar al ciudadano.

La propuesta programática está contaminada por la visión del poder, por las distintas variables ideológicas, por las apetencias personales. Se convierte en una suerte de pasticho, de galimatías, que le resta credibilidad a cualquier interlocutor de la oposición, especialmente en la esfera internacional. Favorece esa tesis de que al mundo no le interesa lo que ocurre en Venezuela.

De eso estoy seguro, por eso nos hemos dado a la tarea de formarnos y de darnos una visión programática que nos una. Tenemos una deuda pendiente. Quizás cuando había que hacer una propuesta programática, la simplificamos con una propuesta electoral. Pero eso ha cambiado en esta etapa. Acá hay visión y trabajo construido alrededor de lo que debemos hacer en esos cuatro pilares fundamentales. Eso ha permitido una mayor comprensión de lo que ocurre en el país. ¿Qué ocurre hoy en el mundo? Hay países que se movilizan por la respuesta política. La dictadura de Maduro, el uso de la represión, el uso de la violencia. Eso produce una solidaridad inmediata. Pero hay otro nivel que responde a otras variables. El mundo financiero, por ejemplo, que antes advertía esas incongruencias, hoy nos presta mayor atención, precisamente porque conoce cuál es nuestra propuesta institucional de cómo se debe manejar el mercado. Hay llamados de atención de países muy importantes. China, por ejemplo, ha manifestado su interés de que el conflicto se encauce por la vía pacífica. Pero lo peor que le puede pasar a este país, una vez que salgamos de Maduro, es que venga un nuevo gobierno y alrededor de la materia cambiaria tengamos una discusión que nos divida. O que al transferir subsidios indirectos, mediante un bono a las personas, esa discusión nos re polarice. Lo peor es que queramos combatir el populismo con más populismo y terminemos de destruir el tesoro de la Nación.

 

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