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Portal Informativo Venezolano

El Plan de Maduro y el grupo que lo respalda comenzó con la enfermedad de Hugo Chávez Por Juan Carlos Zapata

Publicado en 30 Mayo 2017 por La Hemeroteca De Luis Rondon.over-blog.com

Jueves 25 de mayo de 2017, 13:33h

Juan Carlos Zapata (ALN).- No hay nada improvisado en el plan de Nicolás Maduro para hacerse del poder total en Venezuela. Es un plan que lleva más de un lustro en ejecución. En lo interno del chavismo, Maduro y el grupo que lo respalda han logrado derrotar adversarios y enemigos. A la oposición le ha ganado la partida en varios episodios. Que tengan éxito en esta nueva etapa está aún por verse. Pero que quede claro: A Maduro no hay que subestimarlo.

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Discurso de Elías Jaua del 5 de julio de 2013 : Descargar

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Maduro llegó al poder en 2013, tras ser designado por Hugo Chávez como su heredero

Está en marcha la operación para imponer la Constituyente de Nicolás Maduro y el grupo que lo respalda desde hace ya más de un lustro. Los poderes alineados mantienen y confirman la hoja de ruta establecida desde antes de la derrota parlamentaria de diciembre de 2015. Al principio fue la designación express de los magistrados con el propósito de garantizarse el control férreo del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Así se anticipaban a lo que ya las encuestas daban por cierto, la pérdida del Poder Legislativo. Se habló luego de choque de poderes y el Gobierno midió la reacción opositora con la decisión de aniquilar a los tres diputados del estado Amazonas que le conferían al nuevo Parlamento la mayoría total. Como no era suficiente, más tarde se impuso la tesis de desacato de la Asamblea Nacional, y se apeló a la maniobra de cerrar los caminos electorales en 2016, y también negándole a la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, la presidencia del Poder Moral, que esto último parecía antes un detalle, y con los nuevos hechos ya se sabe lo que había en el fondo. En paralelo, una tras otra, se dieron las 48 sentencias por parte del TSJ, las cuales le iban dando forma a lo que se llamó un golpe continuado, lo que resultó evidente con las sentencias 155 y 156; las sentencias del autogolpe. De allí en adelante, los poderes, el Consejo Nacional Electoral (CNE), el Poder Moral, el TSJ, el Ejecutivo, han mantenido una misma línea; y esta no es otra que el sostenimiento de la dictadura, la ruptura del hilo constitucional, como bien lo definió la fiscal general. Para ello cuentan con el apoyo decisivo de la Fuerza Armada, y dentro de esta, con la Guardia Nacional, una maquinaria represiva que rompió todos los antecedentes históricos.

Los poderes alineados mantienen y confirman la hoja de ruta establecida desde antes de la derrota parlamentaria de diciembre de 2015

Como se ve, no hay improvisación. Ni siquiera la ha habido en el llamado a diálogo. Tanto así que Maduro y el grupo que lo respalda sobrevivieron al año horrible de 2016, amaneciendo 2017 con mejores perspectivas que la dirigencia opositora. Solo que -y este tal vez sea un error de cálculo de tiempo, no de libreto- el autogolpe le brindó argumentos a la oposición y a la comunidad internacional, y, en consecuencia, el escenario de protestas y represión que obligó a poner en marcha la operación de la Constituyente, la cual, al fin y al cabo, es otra vía, sí, pero con igual propósito, que las sentencias del autogolpe: Conformar el régimen dictatorial. El problema es que la Constituyente conlleva el cambio de la Constitución, la Constitución de Hugo Chávez, y ello explica la reacción en contra de un sector del chavismo, entre otros factores la fiscal general, que ya no ven en Maduro y el grupo que lo respalda a los hijos de Chávez sino a traidores del legado del líder muerto. Traidores que además de cambiar el texto constitucional persiguen darle paso a un nuevo proyecto político.

No hay improvisación en el plan. Lo demuestra que una vez presentadas las bases de la Constituyente, el CNE haya convocado, ahora sí, a elecciones regionales y que los poderes hayan aceptado como válido que no se llame a referendo consultivo ni que tampoco sea seguro que la Constitución que salga de la Constituyente corporativa, sea votada. Y de ser votada es porque, dijo Elías Jaua hace poco, así lo prefieren tanto la comisión presidencial constituyente que él preside como el presidente Maduro. O sea, se depende de lo que decida el dictador y uno de los ideólogos.

El plan comenzó con la enfermedad de Hugo Chávez

No hay improvisación en este plan. En este plan que comenzó cuando asomaron los primeros síntomas de la enfermedad de Hugo Chávez y que ahora el grupo encabezado por Maduro observa la oportunidad de rematar. Todo parte de dos posiciones. La primera: que Chávez fue un accidente que le abrió las puertas del poder a la izquierda, a esa izquierda que venía de derrota en derrota frente a los partidos AD y Copei. Maduro, ya presidente, y más en plena crisis de 2014, no ha dejado de ripostarle este hecho histórico a los chavistas críticos, advirtiéndoles sobre el infantilismo que conduce a la derrota y a la pérdida del poder. La segunda: la versión de que el poder cubano también consideraba a Chávez un aventurero, y como tal, sin un cuerpo de ideas ni proyecto, era fácil rodearlo y aprovecharlo, como en efecto ocurrió. De modo que en Maduro y el grupo que lo apoya, La Habana parece haber encontrado a los interlocutores dispuestos para llevar adelante el plan que los complace. Militan en la izquierda. Son comunistas. Siguen el patrón del comunista, y ahora se muestran como alumnos aventajados del modelo totalitario que no retroceden aún con la mayoría en contra, aún con el pueblo en contra, aún con la opinión pública internacional en contra. Además, en Maduro han encontrado, de suerte, una figura menos blanda, y en esto, la oposición se equivocó como también el sector militar chavista y el chavismo disidente.

No hay improvisación en el plan. La candidatura de Maduro fue decisión de Hugo Chávez, empujado por el grupo civil que lo rodeaba en 2011, entre otros, Elías Jaua, Tareck El Aissami, su esposa Cilia Flores, Jorge Rodríguez y el propio Jorge Giordani e incluso Rafael Ramírez. Estos fueron convenciendo a Chávez, revelándole “bondades” y condiciones políticas-electorales que se supone poseía Maduro. A la par, crecía la intriga contra Diosdado Cabello, quien no podía deslastrarse de la jefatura de la derecha endógena y de las relaciones con la corrupción enquistada en el circuito financiero del Gobierno chavista. Esta versión me la contó primero un personaje a quien Maduro identificó en una ocasión en un acto público -recibió una salva de aplausos- como aquel que lo había convencido de militar en la izquierda cuando era un adolescente. Después me la confirmó el exministro de Finanzas y exgobernador de Aragua -hoy refugiado en Estados Unidos- Rafael Isea; y es una versión corroborada también, en parte, por los publicistas brasileños asesores de la campaña electoral de 2012 de Hugo Chávez, quienes revelaron ante la Fiscalía que investiga los sobornos de la empresa Odebrecht, que mucho antes del discurso de despedida del moribundo presidente, ya estaba decidido que fuera Maduro el sucesor. Según Isea, a Chávez, a la par que se intrigaba contra Cabello, se le entregaban informes o se le hacían comentarios positivos sobre Maduro. ¿Por qué este grupo de civiles se anticipó y le ganó a Cabello y al grupo militar que este representa? La respuesta me la ofreció el amigo de Maduro en la adolescencia: Porque estando el grupo civil en el anillo más cercano del poder -Chávez mantenía castigado a la distancia a Cabello, que volvió al ruedo cuando salió electo diputado por primera vez- se percataron, antes que nadie, no solo de la enfermedad sino de la gravedad de esta, por lo cual, entre 2010 y 2011, pusieron en marcha el proceso de cerrarle el paso a Cabello e inclusive a Adán Chávez, quien como hermano pensaba en la sucesión natural. Al final, el compromiso de Cabello con Chávez fue sostener a Maduro en el poder bajo la promesa de que el siguiente candidato chavista a la Presidencia sería él y no otro.

La historia de por qué abandonaron a Maduro los exministros civiles Jorge Giordani, Ana Elisa Osorio, Héctor Navarro, es conocida. La carta de despedida de Giordani -el hombre que manejó la economía en toda la Era Chávez- es un manifiesto en ese sentido. Además de los aspectos de política económica, queda claro que el grupo civil ya estaba fracturado, entre los jóvenes y los más adultos. Y es que Giordani, además de poner en evidencia el “vacío” de liderazgo de Maduro, enfatiza sobre el superpoder de Ramírez en PDVSA, y -sorpresa- no ataca a Cabello. Más tarde viene la purga de Ramírez y cada vez resulta que fueron dos las causas. Había que sacarlo de PDVSA para manejar los recursos y había que impedirle que impusiera un ajuste económico -que también lo había solicitado Giordani con Maduro electo- que echara por tierra el propósito planteado por el grupo de amigos -Jaua, Cilia, Maduro, Rodríguez, El Aissami-, que era hacerse del chavismo, el PSUV, el Gobierno, el Estado, siempre con la asesoría del poder cubano. Queda claro que Giordani se equivocó en lo esencial. En el Palacio de Miraflores, aunque no había hiperliderazgo, había poder. No había vacío de poder.

 

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