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Portal Informativo Venezolano

Como se sale de un Dictador--Pedro Luis España. Parte 1-

Publicado en 29 Abril 2017 por La Hemeroteca De Luis Rondon.over-blog.com

 

La preocupación que tenían muchos politólogos del continente y, especialmente de nuestro país, ha sido superada. Ya no puede haber dudas sobre como denominar al sistema político de la aventura llamada Socialismo del Siglo XXI. Estamos en presencia de una dictadura en proceso, es decir, de un régimen que cada día se define más como lo que es: Autocrático, aislacionista y totalitario.

La concentración “de facto” de todos los poderes en el Ejecutivo, especialmente los de la Asamblea Nacional, tras el intento fallido de legitimarlo por medio de las infames sentencias 155 y 156 de la Sala Constitucional, así como, la confiscación de los derechos electorales en el último trimestre del año pasado, con la anulación de la convocatoria al Referéndum Revocatorio; el desconocimiento en proceso del Ministerio Público y la Fiscalía General; el histérico anuncio del retiro de la OEA y, para estupor de toda la comunidad internacional; la represión y violación de los derechos humanos en estos últimos días, no son sino indicadores de la evidencia: Venezuela es una dictadura.

Descontado el régimen cubano, Venezuela es el único régimen dictatorial del continente. Luego de 30 años de superadas casi todas las dictaduras de América Latina, hoy somos el atraso político más bochornoso de la región. Dicho eso, no nos queda sino luchar por restablecer la democracia, ahora sí en un contexto sin disfraces ni tapujos.

Desde el punto de vista académico, el esfuerzo más importante por sistematizar los procesos de transición y consolidación democrática fue el estudio que coordinó el politólogo y latinoamericanista Guillermo O´Donnell. El estudio “Transiciones desde un Gobierno Autoritario. Conclusiones tentativas sobre las democracias inciertas”[1], además de haber sido una lectura indispensable para los científicos sociales de los años ochenta, es un trabajo que, si bien ya va para 30 años, mantiene vigencia para nosotros. Entre otras cosas porque es enteramente cierto que en los últimos cuatro años Venezuela ha retrocedido a las mazmorras del primitivismo militar latinoamericano.

El trabajo citado, estudió cómo las sociedades pueden salir de la oscuridad del autoritarismo. Consistió en la sistematización de los procesos de reconstrucción democrática en países inmersos en regímenes autoritarios. Tal esfuerzo, como dirían sus autores, no sólo fue por interés académico (que por sí mismo sería suficiente) sino incluso, porque “…los que hemos participado en este proyecto confiamos en que al menos pueda contribuir a que los activistas y los estudiosos efectúen un análisis mejor informado… sobre las capacidades potenciales que involucra el complicado proceso de derrumbe de la dominación autoritaria…”.[2]

La intención de los autores fue, si bien no lo dicen textualmente, tratar de ofrecer un manual para salir de esa lacra mundial, y de Latinoamérica en particular, que son los dictadores.

Los ingredientes de la salida

Como se entenderá, son muchos los aspectos y consideraciones que tiene un estudio que abarcó a casi una docena de países (incluida la Venezuela de 1958), se prolongó por 8 años y se recopiló en 4 tomos. Para el caso que nos ocupa, cómo zafarnos de nuestra actual dictadura, vamos a tomar solamente tres conclusiones que nos parecen cruciales para tratar de iluminar los tiempos presentes.

Las dos primeras que mencionaremos puede que no sean tan importantes como la última. Además, y cuando ellas sean expuestas, seguramente el lector no se sorprenderá por ninguna de ellas. Aquí el asunto no es si el equipo de investigación liderado por O´Donnell dio, o no, con la fórmula mágica para librarnos de las pestes autoritarias y militaristas. Lo importante, como veremos es la recurrencia. En todas las transiciones estudiadas, los elementos que señalaremos a continuación fueron comunes en todos los casos. Con lo cual, y al menos probabilísticamente, no será sino hasta que ellos estén presentes, cuando la transición a la democracia tiene chance de que ocurra.

El primer elemento es desolador para el pensamiento de los sociólogos. Dicho de una vez, no hay procesos estructurados que expliquen la transición. Si bien los procesos estructurales sí lo son para los quiebres democráticos (tal y como lo sistematizó Juan Linz), por el contrario, para el proceso de restablecimiento o transición del autoritarismo, no los hay, o al menos no con la claridad que las crisis económicas, la violencia social o la ilegitimidad de los partidos políticos, explican cuando las democracias sucumben a la tentación autoritaria.

Lógicamente, no se afirma que los factores estructurales son independientes a las transiciones políticas desde el autoritarismo. Lo que se quiere decir es que no parecen ser suficientes, y ni siquiera sabemos si deben ser necesarios. Un gobierno autoritario puede desplomarse por un contexto de crisis económica, pero también los hay que han caído en plena bonanza (Pérez Jiménez, 1959); producto de grandes esquemas de exclusión social, pero también han ocurrido bajo intentos de inclusión (Velazco Alvarado, 1975); consecuencia de violaciones sistemáticas de derechos humanos; aunque más de una dictadura se mantuvo por muchos años después de haber masacrado a su pueblo (Pinochet o Stroessner).

En definitiva, el contexto estructural no parece ser significativo para la transición autoritaria. Es una suerte de telón de fondo, cuyos factores potencialmente desestabilizadores del régimen (dificultades económicas, uso de la violencia sin control normativo, exclusión social o política, impunidad y corrupción, entre otras situaciones frecuentes en las dictaduras), se activan cuando ocurre cierta conjunción de factores coyunturales que, para mayor incertidumbre, son diferentes en cada caso.

No existe pues un patrón, ni siquiera de las causas más inmediatas, esas que son posibles de identificar tras un trabajo periodístico después de ocurridos los hechos que condujeron a la caída de la dictadura, que pudieran servirnos de hoja de ruta para organizar las acciones necesarias para derrocar al dictador.

Dicho esto, el estudio en cuestión sugiere que son (otra vez para desgracia de los sociólogos y nuestros esquemas analíticos) las iniciativas individuales, la identificación en campo de aquello que a la postre puede señalarse como el desencadenante de la ruptura del régimen, lo que en definitiva cuenta para su desenlace y caída. Se trata de políticos obviamente, de líderes, por supuesto, que tras el largo trajinar con la dictadura (o con el régimen que se va endureciendo hasta convertirse en un autoritarismo), logran seleccionar la acción necesaria, el hecho desencadenante, el cual difícilmente puede ser reducido a una variable dentro de una ecuación y que incluso su exitosa consecuencia, tampoco puede ser anticipada más allá de haber sido, como otras acciones, no más que una apuesta.

Llámese “burdel político”, olfato, si lo quieren más recatado, pero estamos hablando de esa capacidad intuitiva (adiestrada por años de militancia), que se convierte en factor determinante para que suceda el quiebre esperado. Este segundo factor, la acción individual, la orientación del líder o líderes, se evidencia en que tras cada proceso de transición democrática hay un componente de habilidad individual (o conjunto de ellos) que no sólo por coraje, valentía o determinación, sus protagonistas pasan a la historia como “padres de la democracia”, sino por la agudeza de criterio y evaluación situacional que, como hemos dicho, es producto de la conjunción de la teoría y la praxis. Consiste en cierta “ética de la sensatez” podríamos decir, fraguada con trabajo y estudio, y no sólo con intuición. Ese carácter del político habilidoso formado por años, es lo que termina definiendo a los líderes históricos.

Pero no todo es casuística o encuentro marcado por la suerte entre líderes y situaciones. Algún elemento estructural también está presente, y precisamente ese componente es el que puede darnos luces a nosotros, simples ciudadanos victimas de vivir en dictadura, sobre qué hacer y qué cosas apoyar, para contribuir con la transición.

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