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Servicio Aéreo Especial (SAS): La primera misión secreta de los comandos que aniquilaban nazis tras.1/2 las líneas enemigas

Publicado en 14 Marzo 2017 por La Hemeroteca De Luis Rondon.over-blog.com

 

- Actualizado: MANUEL P. VILLATORO -GuardaHistorLos comandos del SAS (Servicio Aéreo Especial británico) son reconocidos a día de hoy como unos de los soldados de élite más letales del mundo. A sus espaldas cuentan con misiones en Somalia, Omán, Borneo y otras tantas más. Sin embargo, es necesario buscar sus orígenes a miles de kilómetros de las islas británicas.Más concretamente, hay que viajar en el tiempo y el espacio hasta el norte de África de 1942. Año en que el entonces teniente David Stirling ideó este grupo de operaciones especiales como una unidad capaz de introducirse tras las líneas enemigas para provocar el caos y la destrucción en los campamentos nazis. Una de sus primeras (y más destacadas misiones) fue la de Sidi Haneish, en la que un grupo de 18 jeeps destruyeron una treintena de aviones de vital importancia para Hitler.OrígenesLos pilares del SAS, la misma unidad que se hizo famosa en los 80 por salvar con éxito a 24 rehenes capturados en la embajada de Irán en Londres, se pusieron allá por la Segunda Guerra Mundial. Su arquitecto fue el famoso David Stirling, un teniente de casi dos metros de alto que -en 1941- pasó de militar en las filas de los «Scouts Guards» del ejército, a una unidad especial inglesa llamada Comando 8. Un grupo de combatientes que, tal y como explica Manuel J. Prieto en su libro «Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial», actuaba en Oriente Medio. Este militar, un bebedor empedernido, es al que hay que darle las gracias por haber creado el concepto de «Comando» moderno.En aquellos años, mientras los germanos se expandían por Italia y África, los británicos habían comenzado su particular acercamiento hacia una forma más que rompedora de enfrentarse al enemigo. El nuevo método consistía en llevar a cabo una guerra de guerrillas con el objetivo de entorpecer lo más posible las operaciones del contrario.Sin embargo, aquella idea estaba todavía incubándose, y dio lugar a más de un problema. Ejemplo de ello fue que Stirling acabó hospitalizado durante varios meses por un mal salto en paracaídas durante una misión, pues por entonces no había escuela de paracaidismo en su bienamada Albión. El tortazo, con todo, no le vino mal al «british». Y es que, el tiempo que permaneció paralizado de cintura para abajo se lo pasó barruntando la idea de cómo perfeccionar ese concepto.Cuando salió del hospital allá por julio de 1941 ya había dejado sobre blanco su «idea perfecta»: la apuesta por un pequeño equipo de soldados entrenados en el arte de la infiltración (unos 60 divididos en equipos de 4 o 5) que tuvieran, además, habilidades para tomar decisiones de forma independiente. La idea la presentó en El Cairo a sus superiores posteriormente, y gustó bastante.«La propuesta de Stirling fue aceptada y, tras ser ascendido a capitán, recibió la orden de formar un grupo de sesenta y cinco hombres y prepararlo para llevar a cabo los ataques tras las líneas enemigas que él mismo planteaba en su documento», explica en su obra Prieto. La unidad resultante fue llamada L Detachment Special Air Service Brigade (Destacamento L, Brigada del Servicio Especial Aéreo -el futuro SAS, por sus siglas en inglés-).Tal y como le suele pasar a todos los visionarios, los inicios de Stirling (y de sus hombres) no fueron sencillos. Para empezar, por lo virgen que se hallaba ese campo en cuanto a organización, pero también por los problemas que les ofrecía el terreno en el que comenzaron a poner en práctica sus «golpes de mano».Ejemplo de ello es que, durante su primera misión, las tormentas de arena provocaron que los paracaidistas del Destacamento L acabaran saltando lejos de sus objetivos. Al final, estas dificultades les llevaron a apostar por moverse en el desierto mediante los rápidos jeeps del LRDG (Longe Range Desert Group, o Grupo del Desierto de Largo Alcance). Pronto se especializaron en las operaciones de ataque y retirada rápida sobre todoterrenos. De esta guisa (de prestado) continuaron los hombres del SAS hasta que pudieron hacerse con sus propios vehículos en 1942.Ataques relámpagoLa creación de esta unidad se sucedió durante una época penosa para el ejército británico en el norte de África. ¿La razón? Que sus fuerzas estaban siendo obligadas a abandonar sus posiciones principales. «El Afrika Korps de Rommel, el Zorro del Desierto, empujaba a las tropas aliadas hacia el este día tras día y en Oriente el imperio japonés también había conquistado algunos puntos emblemáticos como Singapur», añade Prieto en su obra.Además de todo ello, el peligro pendía sobre Gran Bretaña, pues el avance alemán había puesto algunas de las regiones de mayor importancia estrategia de la zona en jaque. La principal era Malta, una isla que servía de base y lanzadera a los aeroplanos de Churchill para (entre otras cosas) apoyar con bombas y ametralladoras a la infantería que combatía contra los nazis.En esas andaba la situación cuando Stirling recibió la orden de dirigir a sus hombres en varios asaltos relámpago (de ataque y huida rápida) contra los aeródromos ubicados en el norte de Libia. En los mismos debía destruir el mayor número de aviones para evitar, en primer lugar, que transportasen hombres de un lado para otro. Pero también para que dejaran de estorbar los intereses de la Gran Bretaña en África atacando constantemente los convoyes cargados de hombres y provisiones que llegaban desde Europa a través de las aguas.
Stirling, de pie sobre los jeeps
Stirling, de pie sobre los jeeps- ABC

«Durante el mes de junio, a menudo escoltados y llevados hasta los puntos de operación por los hombres del LRDG, los miembros del SAS llevaron a cabo varias acciones en las que acabaron con veintisiete aviones enemigos, así como con varias decenas de motores y tanques de combustible», explica el experto español.En estos golpes de mano el método de actuación siempre solía ser el mismo. Los soldados del SAS se dirigían hacia el objetivo llevados en volandas sobre los jeeps del LRDG. Una vez en la zona de ataque (y normalmente en plena noche) actuaban de forma autónoma destruyendo los aeroplanos mediante las denominadas «bombas Lewes», de gran poder explosivo e inventada por un soldado que, al final, le dio nombre.«Durante semanas, Lewes experimentó en un laboratorio con varias combinaciones de gelignita, amonal y pólvora de algodón. Finalmente, logró crear su bomba con una libra de explosivo plástico, un cuarto de libra de “termita incendiario” y algo de aceite de motor», explica Ben MacIntyre en su obra «SAS: Rogue Heroes – the Authorized Wartime History». El resultado fue perfecto para el SAS, pues permitió a sus miembros obtener una bomba barata, versátil, fácil de obtener e ideal para acabar con los aeroplanos alemanes.Los jeeps del SASEl SAS fue escoltado por el LRDG hasta 1942, cuando recibió una veintena de flamantes jeeps Willys. Aquel era un vehículo sumamente famoso por su versatilidad y su autonomía.«Tenía tracción a las cuatro ruedas, siendo capaz de superar pendientes con una inclinación del sesenta por ciento. El estar privado de blindaje le proporcionaba una velocidad -superaba los 100 kilómetros por hora- y unas cifras de consumo -tenía una autonomía para unos 500 kilómetros- que lo convertían en un vehículo tremendamente ágil y eficaz para múltiples utilidades», explica el periodista e historiador Jesús Hernández en su obra «Historias asombrosas de la Segunda Guerra Mundial». Era el vehículo idóneo para las misiones de ataque de este servicio especial ya que, además, contaba con un motor con una autonomía de 100 horas seguidas. Algo ideal para recorrer largas distancias por el desierto.

 

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