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La operación secreta en la que dos espías aniquilaron al sanguinario «Carnicero de Praga» naz

Publicado en 14 Marzo 2017 por La Hemeroteca De Luis Rondon.over-blog.com

Le llamaban el «Carnicero de Praga» por las barbaridades que había perpetrado en la ciudad (asesinó a medio millar de personas reconocidas, y se cree que el número real asciende a unas 5.000). Reinhard Heydrich, segundo de Himmler, fue un auténtico demonio que destacaba por su frialdad a la hora de aniquilar a los judíos de Checoslovaquia. Fue por ello por lo que, en la década de los 40 y en plena Segunda Guerra Mundial, el gobierno del país en el exilio envió un comando de dos paracaidistas para acabar con él, cosa que lograron en un atentado perpetrado el 27 de mayo de 1942 durante una misión secreta conocida como «Operación Antropoide».

Esta es la misma en la que se basa la película que, el pasado 16 de diciembre, se estrenó en los cines bajo el nombre de «Anthropoid». El largometraje, de aproximadamente dos horas de duración, ha sido dirigido por Sean Ellis y, a pesar de que cuenta con un presupuesto bajo, es totalmente fiel al original según los expertos de ABC Play.Para hallar el origen de esta operación secreta -o este atentado, según se vea- es necesario retroceder en el tiempo hasta el año 1938. Más concretamente hasta marzo. Fue entonces cuando un Adolf Hitler ávido de territorios decidió -por obra y gracia de su santo naso- anexionarse Austria y convertirla en una provincia más del III Reich.Semanas después, además de hacer todo tipo de discursos solicitando a Europa territorios que consideraba germanos, el Führer envió a sus ejércitos a hacer maniobras cerca de Checoslovaquia. Una decisión que, como es lógico, no gustó ni un pelo al gobierno del país. Los políticos, que tontos no eran, debieron pensar algo así como «cuando las barbas de tu vecino veas cortar...».Unidades para arriba, fronteras para abajo, Checoslovaquia terminó poniendo en alerta a sus ejércitos. Sin embargo, en septiembre recibieron la orden de envainársela (la espada) y dejar paso a las tropas de Hitler. Todo ello, por culpa de las políticas de pacificación de líderes como el británico Chamberlain o del galo Daladier. Estos, junto a otros tantos otros, habían firmado lo que consideraban el pacto definitivo para evitar la guerra: un documento en el que cedían a los nazis nada menos que 40.000 kilómetros cuadrados de territorio checoslovaco a cambio de que detuvieran su escalada de violencia. Todo ello, por descontado, sin contar con el territorio afectado.Dicho y hecho. En octubre, Hitler entró exultante en su nueva región y, el 15 de marzo de 1939, completó de forma definitiva gracias a sus ejércitos la conquista del resto del país. El resultado fue la fundación del denominado «Protectorado de Bohemia y Moravia». A su mando, se puso a Konstantin Von Neurath. Como bien explica Jesús Hernández en su libro «Operaciones secretas de la Segunda Guerra Mundial», comenzó entonces una época más que negra para el país: «Los habitantes del protectorado perdieron sus libertades democráticas y la economía del país quedó encuadrada dentro del esfuerzo bélico alemán».Mientras se formaba un gobierno checo en el exilio, los nazis enviaron a miles de sus compatriotas a la zona para hacerla, si cabe, más germana. Todo ventajas para el Führer.Esta sumisión, con todo, no marchaba lo suficientemente rápido para Hitler. Algo que el del bigote achacaba a lo «blando» que era Von Neurath. Por ello, en 1941 mandó a este al infierno y le sustituyó por Reinhard Heydrich, más conocido por ser el segundo hombre de Heinrich Himmler en las temidas SS y por su barbarie.De hecho, apenas un año después sería el artífice y el ideólogo de la denominada «Solución final» (el asesinato masivo de millones de judíos -y personas consideradas «inferiores»-). Este gigantesco oficial de 1,92 metros de altura (llamado el «Carnicero de Praga») había atesorado un gran poder en Alemania, por lo que se sospecha que sus superiores decidieron quitárselo de encima enviándole a Checoslovaquia.Según explica Russell Phillips en su obra «Un Rayo De Luz. Reinhard Heydrich, Lidice, Y Los Mineros De North Staffordshire», Heydrich arribó a Checoslovaquia el 27 de septiembre y se puso «manos a la obra inmediatamente deteniendo al primer ministro y al ministro de tráfico». Instauró también la ley marcial (cuyo incumplimiento solía acabar en la muerte); asesinó aproximadamente a medio millar de personas en los tres primeros meses en el país y envió a miles más a campos de concentración.«También presidió una conferencia sobre la solución final al problema judío en el protectorado el 10 de octubre. Afirmó que había alrededor de 88.000 judíos en el protectorado, 48.000 de ellos en Praga. Se tomó la decisión de construir un campo temporal en Terezín al que se enviaron dos o tres trenes al día con unas mil personas», completa el experto en su obra. Por si todo esto fuera poco, también cerró los lugares de culto judíos y sumó casi 100.00 deportaciones al final de la contienda.Lo hizo con el objetivo de producir materias primas para su querida Alemania. Así lo afirma el historiador Manuel J. Prieto en su obra «Operaciones especiales de la Segunda Guerra Mundial», donde señala que el nazi «puso en marcha el empleo de miles de obreros checos en las fábricas y construcciones que prestaban servicios al Reich».Mientras las cosas andaban crudas por Checoslovaquia, el gobierno del país en el exilio decidió -favorecido por el servicio secreto británico- que debían acabar más pronto que tarde con Heydrich. De esta forma, se empezó a planear su asesinato bajo el nombre en clave de Operación Anthropoid u Operación Antropoide. Así lo afirma el divulgador histórico Pere Cardona (coautor de «El diario de Peter Brill») en su página web «HistoriasSegundaGuerraMundial». «La operación Antropoide parte de una idea del primer ministro británico Winston Churchill, el cual convence al primer ministro Checo en el exilio Edvard Benes de la necesidad de eliminar a Heydrich para subir la moral del pueblo Checo y de paso quitar de enmedio al posible sucesor de Adolf Hitler», determina el experto español.En las semanas siguientes, el gobierno checoslovaco buscó a dos hombres que pudieran perpetrar el atentado, y no tardaron mucho en hallarlos. Los seleccionados fueron los militares Josef Gabcik y Karel Svoboda. Al menos en principio pues, a los pocos días de empezar el entrenamiento (debían ser instruidos en técnicas paracaidistas para ser lanzados en Checoslovaquia desde el exilio) el segundo fue sustituido por darse un severo golpe en la cabeza durante un salto. El nuevo comando elegido fue Jan Kubis. «El nuevo margen de tiempo permitió que la formación por parte del SOE fuera más exhaustiva para los elegidos, incluyendo el uso de varios tipos de armas, el manejo de explosivos y la creación de dispositivos detonadores», añade Prieto.Tras ser entrenados en Escocia, los dos paracaidistas fueron lanzados a 20 kilómetros de Praga aproximadamente a las dos de la mañana del 29 de diciembre de ese mismo año. En «Operaciones secretas de la Segunda Guerra Mundial», Hernández explica de forma extensa las peripecias que tuvieron que vivir hasta llegar a la capital. No obstante, basta decir que entraron en contacto con la resistencia local a través de un miembro de uno de los grupos (el Sokol) y que, una vez en su destino, fueron protegidos en varias casas mientras comenzaban a cumplir su misión: la de asesinar al hombre más poderoso de Checoslovaquia.«Estuvieron estudiando las costumbres de Heydrich durante un tiempo para encontrar el sitio más adecuado para realizar el atentado, y observaron que siempre viajaba en un Mercedes Benz descapotable y sin escolta, lo cual les allanaba una parte del camino» explica, en este caso, Pere Cardona en «HistoriasSegundaGuerraMundial».

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