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La contrarrevolución anti-parlamentaria y anti-soviética de Vladimir Ilich Lenin; por Fernando Mires

Publicado en 7 Marzo 2017 por La Hemeroteca De Luis Rondon.over-blog.com

 

 

 | 5 de marzo, 2017
 

  • 10Hace algunos días vi el documental francés “Lenin, la otra historia de la revolución rusa”. Lo vi sin grandes expectativas. A estas alturas pensaba que más no se podía indagar sobre la revolución rusa de 1917. Y sin embargo, el film dirigido por Cédric Tourbe me pareció en algunos de sus pasajes, novedoso.

El documental confirma, por cierto, lo que ya se sabía: Lenin era un político por naturaleza, capaz de captar con extrema rapidez el curso de los procesos históricos. La documentación reunida por el historiador Marc Ferro y por el experto en crisis políticas Michel Dobry, demuestra que las teorías de Lenin variaban, sí, incluso se contradecían unas a otras cuando el curso que tomaban los acontecimientos así lo determinaba.

Lenin tenía ese extraño don de saber tomar el pulso a la historia y reaccionar en el momento preciso, no dejar escapar la oportunidad cuando esta se presentaba, e incluso adulterar sin escrúpulos las teorías de Marx si eso le parecía necesario para realizar su obsesión: la toma del poder.

No voy a relatar el film. Me detendré solo a precisar un momento que sí logró impresionarme. Ocurrió cuando apareció en la pantalla un mapa de Rusia marcado por una cantidad numerosísima de puntos rojos. Esos puntos eran los sóviets, consejos de obreros, campesinos y soldados, surgidos por primera vez durante la revolución fallida de 1905 y reactivados el año 1917 antes de la caída de Nicolás ll.

Ese mapa ilustra mejor que cualquier texto de historia la realidad que comenzaba a vivir Rusia a partir de la caída del Zar y durante el gobierno provisional dirigido por Alexander Kérenski en representación de la Duma (parlamento). Por un lado, el poder constitucional de Kérenski y la Duma. Por otro, el de los puntos rojos, el de los sóviets. Una situación de “doble poder”, así la denominó Leo Trotski.

Mirando ese mapa se entiende perfectamente la atracción que ejercían los sóviets no solo entre los bolcheviques, sino también entre quienes hasta ese momento habían sido sus compañeros de ruta: los mencheviques y los socialistas revolucionarios.

Frente a esa dualidad de poderes, Lenin evaluó dos opciones: o apoyar a Kérenski, tal como lo hizo durante el intento de golpe de estado del coronel Kornilov (agosto) y así, junto a los mencheviques y liberales asegurar la continuidad de un gobierno republicano y parlamentario, o apoyar el poder de los sóviets. El sagaz Lenin resolvió rápidamente el dilema; su consigna central fue legendaria: “todo el poder a los sóviets”. Desde Petrogrado, convertida por Trotski en comando central de los sóviets, la consigna se convirtió en orden.

Con la consigna “todo el poder a los sóviets” había nacido –eso no podía saberlo Lenin- una doctrina: la del poder que prescinde de las instituciones del estado moderno, es decir, la del poder que rompe con la división de los poderes del Estado propuesta por Montesquieu para que los mandatarios no se transformaran en monarcas absolutos. Pues “todo el poder a los sóviets” significa en texto claro: ningún poder al Parlamento. La revolución de Lenin fue así, y desde el comienzo, una contrarrevolución antiparlamentaria.

La revolución de Lenin no fue anti-zarista como la que llevó al poder a Kérenski en representación del Parlamento (febrero) sino, en primer lugar —y sobre todo— antiparlamentaria. Y si se tiene en cuenta que no puede haber democracia sin parlamento, fue también, desde sus primeros momentos, antidemocrática. Por esa misma razón tampoco fue, la de octubre, la revolución de los sóviets.

Quienes entraron al Palacio de Invierno (entraron, no asaltaron; en el film eso queda muy claro) no fueron los sóviets pues todos sus diputados estaban abocados en esos momentos en la preparación del Segundo Congreso de los Sóviets que debería tener lugar el 25 de octubre de 1917.Quiénes entraron al Palacio de Invierno eran miembros de una multitud desorganizada (¿turbas?). Entre ellos, soldados desertores de un ejército descompuesto quienes recibieron el pomposo nombre “post-factum” de Comité Militar Revolucionario. Ellos solo accedieron a la residencia al darse cuenta de que esta había sido abandonada por sus ocupantes.s restaurantes, seguían funcionando como si nada hubiera sucedido. Quizás solo Lenin sabía q

Lenin no dejó escapar el momento. Ordenó a los bolcheviques que se pusieran delante de “las masas” e inmediatamente comenzó a repartir ministerios entre sus amigos más leales. No sin razón Rosa Luxemburg calificaría a la “revolución de octubre” como el resultado de “un simple golpe de estado”. El film constata, además, que mientras era preparado el “asalto” al Palacio de Invierno, los teatros, la ópera, lo

ue en ese instante estaba cambiando el curso de la historia universal.

Efectivamente: el partido había sustituido desde el primer momento a los sóviets. Y a la cabeza de ese partido estaba Lenin. En octubre de 1917 fue establecida una relación directa entre el líder del partido en representación de un comité central puesto a su servicio, y las masas no soviéticas organizadas desde el partido.

La república soviética, en consecuencias, no solo fue antiparlamentaria y no-soviética. Fue, además, anti-soviética.

El Congreso de los Sóviets tuvo lugar efectivamente el 25-10, con nueve horas de retraso. Precisamente en el congreso que iba a definir la estrategia a seguir para que los sóviets accedieran al poder, Trotski -no Lenin- anunció que el poder ya había sido tomado por los sóviets pero sin los sóviets. Como escribió Máximo Gorki, el 7 de diciembre de 1917: “Los bolcheviques se han colocado en el Congreso de los Sóviets tomando el poder por sí mismos, no por los sóviets. […] Esto es una república oligárquica, la república de algunos comisarios del pueblo”.

Los socialistas revolucionarios y los mencheviques abandonaron en acto de protesta la sala del Congreso cediendo la mayoría a los bolcheviques en alianza con algunos miembros del Partido Socialista Revolucionario. Gravísimo error. En nombre de la Unión de Repúblicas Soviéticas fue erigida la dictadura de un partido. Lenin y Trotski fueron sus iniciadores. Stalin la construyó a sangre y fuego.

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