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MARIA GREVER María Joaquina de La Portilla y Torres (1885-1951), de padre

Publicado en 9 Noviembre 2014 por La Hemeroteca De Luis Rondon.over-blog.com

MARIA GREVER María Joaquina de La Portilla y Torres (1885-1951), de padre español y madre mexicana, pero criada en México, era una niña prodigio. A los 4 años compuso un villancico para la Nochebuena con versos escritos por ella misma. Tuvo entrenamiento musical y conoció bien el campo hasta capacitarse como arreglista (siendo muy joven, sus padres la llevaron a París, a estudiar con Claude Debussy). Sus melodías le surgían espontáneamente y compuso infinidad de miniaturas estilísticas. A los 22 años (en 1907) se casó con un alto ejecutivo petrolero y en 1916, se mudó a Nueva York, donde pasó el resto de su vida. De León Grever le viene el apellido con el cual se dio a conocer. Su producción fue profusa, llegando a componer 850 canciones, repartidas entre su editor judío Leo Feist (quien tenía el mismo nombre del sobrenombre del esposo de María Grever, a quien llamaban “Leo”), y Ralph Peer de Southern Music (que, entre otros autores, firmó a los compositores Agustín Lara, Rafael Hernández, Ernesto Lecuona y Ari Barroso, el brasilero autor de las sambas Brasil y Bahía). Instalada en Estados Unidos, María Grever escribió música y arreglos para los estudios Paramount y 20th Century Fox, desde 1920. Júrame la estrenó José Mojica en 1928, quien también le cantó Alma mía (“Si yo encontrara un alma como la mía”) y Cuando me vaya; ésta fue cantada por Jane Powell y Ann Southern en la película Nancy Goes to Rio, en la cual también intervino la orquesta de Xavier Cugat. En 1953, Libertad Lamarque filmó la vida de la compositora, cuyo título fue Cuando me vaya. Cuando vuelva a tu lado data de 1934 y también lo cantó José Mojica. Dos de sus últimas versiones provinieron de fuentes inesperadas cuando se convirtió en un súper hit primero en la voz de Esther Philips y luego cuando la grabó la extraordinaria cantante Aretha Franklyn. Este bolero fue inmediatamente adaptado al inglés con el título What a Difference a Day Makes. Eso ocurrió en 1934, cuando fue editado en Estados Unidos. En el mismo año fue un gran hit para la orquesta de los hermanos Dorsey, pero en el tiempo también fue un éxito en diferentes voces como las de Dinah Washington, con otras versiones a cargo de Dean Martin, Bobby Darin, Barry Manilov, Vaughn Monroe y, entre cientos más, Nathalie Cole (hija de Nat King Cole), quien lo grabó en español al igual que Eydie Gormé con Los Panchos. En 1944 fue un éxito para Andy Russell, cuya versión es en español e inglés. Curiosamente, Diana Ross lo grabó en 1972, pero el disco no fue lanzado sino 34 años después, en 2006, cuando la grabación fue descubierta en los archivos del sello Motown. Con la fiebre de grabar boleros de los ochenta, lo cual hicieron en forma operática los tres tenores (Pavarotti, Carreras y Plácido Domingo), la Orquesta Filarmónica de Londres que lo grabó en 1993, eso bastante tiempo después de que el pianista Joe Loco lo grabara en una mezcla de rock con mambo, lo cual hizo hacia 1956, destacando la trompeta como lo había hecho Pérez Prado con su exitoso Cerezo rosa (hit de 1955). Un año antes se popularizó en Estados Unidos el festivo Ti Pi Tín de María Grever, que tiene mucho de España de Chabrier y de la Symphonie Espagnole de Lalo. Ello ocurrió en 1933, gracias a la persistencia del condescendiente director de orquesta Horace Heidt, que sistemáticamente lo promovió con sus llamados brigadiers usando la letra en inglés de Raymond Leveen. Tal era la popularidad de Ti Pi Tín que John Steinbeck lo cita (como Ti-pi-pi-tin) en su saga de 1939, La ira de las uvas. Esta composición de María Grever aparecía en las estadísticas de Metronome (para abril de 1938) en el puesto número uno en ventas por artistas como Guy Lombardo y la Andrews Sisters. María Grever era una mujer sensible y educada, estricta y controlada, a la vez de romántica, que le cantó con fineza al amor anhelante o perdido, lo cual hizo en términos de resignación y comedido reproche, sin mostrar las escenas melodramáticas tan comunes en el bolero de sinfonola. Sus composiciones reflejan situaciones personales (reales o imaginarias), de abandono y amor frustrado, en las cuales la compositora representa evasión (Para qué recordar), ilusa esperanza (Cuando vuelva a tu lado) o una exigente reafirmación de entrega (Júrame), al lado de la inevitable resignación ante la ausencia del amor perdido que lanza un preventivo “por-si-acaso” (en Por si no te vuelvo a ver), cuando no es que se hace eco de una pena interior por algún nostálgico afecto o el de un (pequeño) ser perdido, como el conocido Te quiero, dijiste (Muñequita linda) que data de 1929 y que en inglés se llama Magic is the Moonlight (en la onda del verso de Pushkin: I recall a magic moment). Otros boleros de María Grever son: Verdad amarga, Lamento gitano, Amar y vivir (“Yo tengo que decirte la verdad/aunque me parta el alma”), Así, Volveré (esos dos popularizados por Chucho Martínez Gil), Qué dirías de mí, Alma mía (“Si yo encontrara un alma/ como la mía”) y Ya no te acuerdas de mí, la cual refleja entrega y resignación, pues en éste trata de un despecho controlado. Hace poco, su opereta Cantarito fue descubierta por la cantante Nayeli Nesme y los compositores Alberto Núñez Palacio y Arturo Márquez, todos mexicanos. Se lee en Internet: “María Grever era un centro de atención artística. Cultivó la amistad de Agustín Lara y Pedro Vargas, así como también con Julián Carrillo y Enrico Caruso. Fue realmente la primera mujer mexicana que trascendió a escala internacional. Tras su estancia en Nueva York, en 1949 regresó a México donde le fueron otorgadas las Llaves de la Ciudad de México, la Medalla al Mérito Cívico y la Medalla del Corazón de México. Luego, trabajó como presentadora en la cadena de televisión XEW, contó su vida en la radio y escribió un libro autobiográfico. De María Grever se ha señalado su estilo romántico y elegante. Formó parte, junto a la cubana María Teresa Vera, autora de Veinte años y a su compatriota Consuelo Velázquez, de la pléyade de mujeres compositoras que destacaron sobremanera en el mundo del bolero. (Latinoamérica dio muchas compositoras, sobre todo en Cuba y Puerto Rico). “En una ocasión en que María viajó a México, Emilio Azcárraga, uno de los empresarios de la radio más importantes del país, pidió a Agustín Lara que fuera a recibirla y le hiciera una visita de cortesía. Ella citó a Lara en su habitación del hotel Regis. Hablaron distendidamente durante varias horas. Le comentó al joven compositor lo duro que era llegar al triunfo y por último, le obsequió una botella de Oporto, se despidieron y ordenó a su chofer que llevara al veracruzano de regreso a su domicilio. Cuando Agustín Lara ya estaba en su casa, encontró un papel que María Grever le había depositado en sus cosas sin que éste se diese cuenta y que decía: “De todas las canciones mexicanas que llegaron a Nueva York, inconscientemente elegí sólo cinco de entre ochenta de ellas y fue una sorpresa ver que eran todas del mismo autor: Agustín Lara. Es mi convicción que tienes un gran porvenir, pues tu inspiración es purísima y espontánea. No tardarás mucho en ser una gloria nacional”. Con pena, María Grever afirmaba: “Tuve que dejar mi país y ahora, en Nueva York, estoy interesada en el jazz, en la música moderna, pero sobre todo, en la música mexicana que deseo presentarla a los estadounidenses. No creo que sepan mucho de ella. Valdría la pena darla a conocer. Existe una riqueza en la cultura de la canción en México, su origen hispano e indígena y la mezcla de ambos. Melodía y ritmo convergen ahí. Es mi deseo y ambición presentar las melodías y ritmos nativos en perspectiva real, pero con la flexibilidad necesaria para hacer una llamada al oído universal”. Curiosamente, María Grever escribió docenas de canciones que se convirtieron en populares boleros, pero ¡jamás escribió un corrido o una ranchera!Bio Latest Posts Eleazar López Contreras eleazarlopezc9@gmail.com Eleazar López-Contreras eleazarlopezc@gmail.com María Joaquina de La Portilla y Torres (1885-1951), de padre español y madre mexicana, pero criada en México, era una niña prodigio. A los 4 años compuso un villancico para la Nochebuena con versos escritos por ella misma. Tuvo entrenamiento musical y conoció bien el campo hasta capacitarse como arreglista (siendo muy joven, sus padres la llevaron a París, a estudiar con Claude Debussy). Sus melodías le surgían espontáneamente y compuso infinidad de miniaturas estilísticas. A los 22 años (en 1907) se casó con un alto ejecutivo petrolero y en 1916, se mudó a Nueva York, donde pasó el resto de su vida. De León Grever le viene el apellido con el cual se dio a conocer. Su producción fue profusa, llegando a componer 850 canciones, repartidas entre su editor judío Leo Feist (quien tenía el mismo nombre del sobrenombre del esposo de María Grever, a quien llamaban “Leo”), y Ralph Peer de Southern Music (que, entre otros autores, firmó a los compositores Agustín Lara, Rafael Hernández, Ernesto Lecuona y Ari Barroso, el brasilero autor de las sambas Brasil y Bahía). Instalada en Estados Unidos, María Grever escribió música y arreglos para los estudios Paramount y 20th Century Fox, desde 1920. Júrame la estrenó José Mojica en 1928, quien también le cantó Alma mía (“Si yo encontrara un alma como la mía”) y Cuando me vaya; ésta fue cantada por Jane Powell y Ann Southern en la película Nancy Goes to Rio, en la cual también intervino la orquesta de Xavier Cugat. En 1953, Libertad Lamarque filmó la vida de la compositora, cuyo título fue Cuando me vaya. Cuando vuelva a tu lado data de 1934 y también lo cantó José Mojica. Dos de sus últimas versiones provinieron de fuentes inesperadas cuando se convirtió en un súper hit primero en la voz de Esther Philips y luego cuando la grabó la extraordinaria cantante Aretha Franklyn. Este bolero fue inmediatamente adaptado al inglés con el título What a Difference a Day Makes. Eso ocurrió en 1934, cuando fue editado en Estados Unidos. En el mismo año fue un gran hit para la orquesta de los hermanos Dorsey, pero en el tiempo también fue un éxito en diferentes voces como las de Dinah Washington, con otras versiones a cargo de Dean Martin, Bobby Darin, Barry Manilov, Vaughn Monroe y, entre cientos más, Nathalie Cole (hija de Nat King Cole), quien lo grabó en español al igual que Eydie Gormé con Los Panchos. En 1944 fue un éxito para Andy Russell, cuya versión es en español e inglés. Curiosamente, Diana Ross lo grabó en 1972, pero el disco no fue lanzado sino 34 años después, en 2006, cuando la grabación fue descubierta en los archivos del sello Motown. Con la fiebre de grabar boleros de los ochenta, lo cual hicieron en forma operática los tres tenores (Pavarotti, Carreras y Plácido Domingo), la Orquesta Filarmónica de Londres que lo grabó en 1993, eso bastante tiempo después de que el pianista Joe Loco lo grabara en una mezcla de rock con mambo, lo cual hizo hacia 1956, destacando la trompeta como lo había hecho Pérez Prado con su exitoso Cerezo rosa (hit de 1955). Un año antes se popularizó en Estados Unidos el festivo Ti Pi Tín de María Grever, que tiene mucho de España de Chabrier y de la Symphonie Espagnole de Lalo. Ello ocurrió en 1933, gracias a la persistencia del condescendiente director de orquesta Horace Heidt, que sistemáticamente lo promovió con sus llamados brigadiers usando la letra en inglés de Raymond Leveen. Tal era la popularidad de Ti Pi Tín que John Steinbeck lo cita (como Ti-pi-pi-tin) en su saga de 1939, La ira de las uvas. Esta composición de María Grever aparecía en las estadísticas de Metronome (para abril de 1938) en el puesto número uno en ventas por artistas como Guy Lombardo y la Andrews Sisters. María Grever era una mujer sensible y educada, estricta y controlada, a la vez de romántica, que le cantó con fineza al amor anhelante o perdido, lo cual hizo en términos de resignación y comedido reproche, sin mostrar las escenas melodramáticas tan comunes en el bolero de sinfonola. Sus composiciones reflejan situaciones personales (reales o imaginarias), de abandono y amor frustrado, en las cuales la compositora representa evasión (Para qué recordar), ilusa esperanza (Cuando vuelva a tu lado) o una exigente reafirmación de entrega (Júrame), al lado de la inevitable resignación ante la ausencia del amor perdido que lanza un preventivo “por-si-acaso” (en Por si no te vuelvo a ver), cuando no es que se hace eco de una pena interior por algún nostálgico afecto o el de un (pequeño) ser perdido, como el conocido Te quiero, dijiste (Muñequita linda) que data de 1929 y que en inglés se llama Magic is the Moonlight (en la onda del verso de Pushkin: I recall a magic moment). Otros boleros de María Grever son: Verdad amarga, Lamento gitano, Amar y vivir (“Yo tengo que decirte la verdad/aunque me parta el alma”), Así, Volveré (esos dos popularizados por Chucho Martínez Gil), Qué dirías de mí, Alma mía (“Si yo encontrara un alma/ como la mía”) y Ya no te acuerdas de mí, la cual refleja entrega y resignación, pues en éste trata de un despecho controlado. Hace poco, su opereta Cantarito fue descubierta por la cantante Nayeli Nesme y los compositores Alberto Núñez Palacio y Arturo Márquez, todos mexicanos. Se lee en Internet: “María Grever era un centro de atención artística. Cultivó la amistad de Agustín Lara y Pedro Vargas, así como también con Julián Carrillo y Enrico Caruso. Fue realmente la primera mujer mexicana que trascendió a escala internacional. Tras su estancia en Nueva York, en 1949 regresó a México donde le fueron otorgadas las Llaves de la Ciudad de México, la Medalla al Mérito Cívico y la Medalla del Corazón de México. Luego, trabajó como presentadora en la cadena de televisión XEW, contó su vida en la radio y escribió un libro autobiográfico. De María Grever se ha señalado su estilo romántico y elegante. Formó parte, junto a la cubana María Teresa Vera, autora de Veinte años y a su compatriota Consuelo Velázquez, de la pléyade de mujeres compositoras que destacaron sobremanera en el mundo del bolero. (Latinoamérica dio muchas compositoras, sobre todo en Cuba y Puerto Rico). “En una ocasión en que María viajó a México, Emilio Azcárraga, uno de los empresarios de la radio más importantes del país, pidió a Agustín Lara que fuera a recibirla y le hiciera una visita de cortesía. Ella citó a Lara en su habitación del hotel Regis. Hablaron distendidamente durante varias horas. Le comentó al joven compositor lo duro que era llegar al triunfo y por último, le obsequió una botella de Oporto, se despidieron y ordenó a su chofer que llevara al veracruzano de regreso a su domicilio. Cuando Agustín Lara ya estaba en su casa, encontró un papel que María Grever le había depositado en sus cosas sin que éste se diese cuenta y que decía: “De todas las canciones mexicanas que llegaron a Nueva York, inconscientemente elegí sólo cinco de entre ochenta de ellas y fue una sorpresa ver que eran todas del mismo autor: Agustín Lara. Es mi convicción que tienes un gran porvenir, pues tu inspiración es purísima y espontánea. No tardarás mucho en ser una gloria nacional”. Con pena, María Grever afirmaba: “Tuve que dejar mi país y ahora, en Nueva York, estoy interesada en el jazz, en la música moderna, pero sobre todo, en la música mexicana que deseo presentarla a los estadounidenses. No creo que sepan mucho de ella. Valdría la pena darla a conocer. Existe una riqueza en la cultura de la canción en México, su origen hispano e indígena y la mezcla de ambos. Melodía y ritmo convergen ahí. Es mi deseo y ambición presentar las melodías y ritmos nativos en perspectiva real, pero con la flexibilidad necesaria para hacer una llamada al oído universal”. Curiosamente, María Grever escribió docenas de canciones que se convirtieron en populares boleros, pero ¡jamás escribió un corrido o una ranchera!

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